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Sin número de teléfono en la tarjeta de visita

Japón es un país en el que la gente cuida mucho su privacidad, pero siempre hay excepciones. En este caso la excepción es que cualquier persona, incluso aquellas que nunca volverás a ver, te darán su tarjeta de visita con su nombre completo, dirección de correo electrónico, dirección postal y número de teléfono. Esto no es un problema para la gente que de entre todas esas cosas solo tiene en común entre el trabajo y la vida privada su propio nombre, pero el intercambio de tarjetas de visita en Japón no se limita al mundo laboral y de negocios. Sobre este tema hay un texto muy interesante en el libro en japonés “iPhone to Twitter wa, naze seikō shita no ka?“.

Y entre lo particular y lo corporativo estamos los autónomos, a los que en muchas ocasiones no nos interesa tener una dirección postal y número de teléfono aparte de los particulares, entre otras cosas por el gasto que supone. Pero esto también tiene sus pegas porque no quiero que mis clientes potenciales (o desconocidos potenciales) sepan mi número de teléfono y la dirección de mi casa. Que por cierto no solo es mi casa sino también la de mi mujer.

Tarjeta de visita de Alecrem

La tarjeta que me hice hace tiempo. Me quiero hacer una nueva

La solución que he tomado es muy obvia para mí, pero todavía sorprende a muchos japoneses: En mi tarjeta de visita solo doy información para contactarme por internet. Nada de dirección postal ni número de teléfono.

Otras razones para no dar el número de teléfono es que me desconcentra mucho cuando estoy trabajando y me llama alguien con quien no estoy acostumbrado a hablar. No es una cuestión de idioma porque no tengo ningún problema hablando en japonés. Es una cosa parecida a si viene un cliente a verte sin pedir cita –tienes que interrumpir de mala manera todo lo que estés haciendo para atenderle. Y es una cuestión de rendimiento, porque si pierdo la concentración me puede costar mucho volver a coger el ritmo. Esto se nota especialmente cuando uno está trabajando solo en casa.

Prefiero que me contacten primero por correo electrónico (o por Twitter, o con un comentario en el blog). De esta manera puedo terminar lo que esté haciendo o apuntar lo que tenga en la cabeza, y contestar el correo en pocos minutos si es necesario. Una llamada telefónica no espera más que unos segundos.

Me gusta cuidar al máximo el rendimiento tanto del trabajo como de las comunicaciones, y tengo la suerte de que la mayoría de los que trabajamos en cosas de internet o asuntos internacionales estamos más que acostumbrados a comunicarnos por correo electrónico.

Por supuesto que hay veces que lo mejor es llamar por teléfono, pero esto casi nunca es el caso la primera vez que un cliente se pone en contacto conmigo. A veces hay quien me dice que tengo que ser más flexible, pero lo cierto es que no tengo secretaria ni gente que trabaje para mí mientras me pillan por sorpresa con el teléfono. Como autónomo, tengo que administrar mi tiempo tanto para trabajar como para comunicarme.

Ya no estamos en la época en la que el teléfono era el único medio de comunicación disponible para preguntar algo a alguien de forma inmediata. Ahora podemos recibir el correo electrónico inmediatamente tanto en el ordenador como en cualquier dispositivo móvil, y me gustaría usar esta tecnología para mejorar el rendimiento del trabajo y las comunicaciones.